Saturday, 9 June 2018

Las Cosas Que Juan Me Enseña



     Mi querida Iglesia Cristiana Bloque 6 de La Bastión Popular en Guayaquil, Ecuador está estudiando la primera carta de Juan a las iglesias y cuando yo estaba en Guayaquil recién, tuve la oportunidad de dar una charla sobre Juan; dando un resumen de su vida, quien era, que experimentaba, como era, etc., etc. Lo que sigue son algunos de las muchas lecciones que Juan me ha enseñado a través de los años. 

      Comienzo diciendo gracias a Juan.  Dios ha utilizado sus escrito, quizás mas que cualquier otros en la Biblia, para hablar a mi vida y darme esperanza.  

1/ Juan me hizo ver que Jesús no era un ser humano común y corriente sino el Dios Creador.  Su forma de ser, sus pronunciamientos, sus hechos...todo demostraba que Jesús vino para que podamos conocer a Dios personalmente y aprender de Él como Dios quiere que vivamos. Se abrieron mis ojos espirituales a algo que hasta hoy me deja asombrado y maravillado: ¡Dios se hizo carne y vivió aquí en la tierra, como nosotros! Tanto su deseo de revelarse a nosotros, y no dejar ninguna duda de su amor y compromiso con nosotros que Dios vino acá y experimentaba la vida como nosotros la experimentamos. No tuvo que hacerlo, pero lo hizo.  Rechazar la idea de un dios lejos, inalcanzable y desinteresado no me fue difícil. A mí me hizo imposible resistir a Jesús por su forma de ser, de hablar y tratar con las personas. La decision para mi me pareció clara...si Jesús es Dios, tengo que hacer una de dos cosas, rebelar contra Él o someterme a Él- no hay otra opción.  Tomé la decision de someterme a Él y cambiar el rumbo de mi vida. 

2/ Me hizo entender que soy amado. Comencé leyendo Juan cuando estaba pasando por un tiempo de dudas, de soledad y de incertidumbre. Negaba la existencia de un dios que se interesaba en la vida de nosotros, los seres humanos. Mi negación no me daba paz, ni me ayudaba saber por donde iba en mi vida. Andaba triste y sin dirección. Rechazar a Dios me dejaba vacía, sin respuestas, sin opciones, sin recursos. Me compré una Biblia y la abrí en el libro de Juan, como alguien me sugirió. Dios me habló por las palabras de Juan y pude ver que Jesús amaba. Él amaba a Juan, a los discípulos, a una pareja recién casada, a una mujer rechazada por la sociedad, a un pueblo marginado por los judíos. Jesús amaba a todas las personas que se sentían menos, que la sociedad consideraba desechable. Para los perdidos el tenía amor, y hasta para las personas que le rechazaban y insultaban el tenia amor.  Se despertó algo en mi.  Comencé a creer que yo tambien pude encontrar un lugar en el amor de un Dios que envió a su hijo a morir por mi. Jesús vivía el amor, lo manifestaba en todo momento y el calor de su amor me alcanzó mientras yo leía el libro de Juan.  Terminé, después de algunos meses de lucha, arrodillado pidiendo que Dios tomara control de mi vida y que su amor viviera en mi y a través de mi al mundo. El capitulo 15 del libro de Juan es el capitulo al cual yo siempre vuelvo para acordarme de esta verdad: soy amado y por su amor, Jesus me invita diariamente a relacionarme con Él y a crecer en Él. ¡Que privilegio! Jesús nos invita a una relación de intimidad, de amistad, de confianza. Lo hace porque somos amados. 

3/ Los escritos de Juan hacen hincapié en una otra lección que me guía: el amor es preeminente. Hay muchas cosas importantes en la vida, pero si el amor no es el motivo por lo que hago, de nada vale. Me enseña a la vez que el verdadero amor se manifiesta en acción  no en simple palabra. Juan lo dice claramente- puedo declarar un amor para Dios o para las personas, pero si no estoy obedeciendo a Dios (Juan 14:21) y manifestando el amor de una manera práctica a los demás (1 Juan 4:19-21), no amo ni a Dios ni a mi prójimo. Juan habla claramente del sentido práctico del amor. El amor se ve.  El amor se manifiesta en obra.  El amor requiere sacrificio, porque el amor exige que el "yo" muera. Jesús demostró que es amor cuando se arrodilló delante de sus discípulos para lavar sus pies.  Jesús demostró su amor para con nosotros cuando dio su vida como sacrificio en la cruz (véase Romanos 5:8).  

y finalmente, 

4/ Juan me enseña que seguir a Cristo es cosa de por vida, no una carrera corta. Dios sabe donde se ubica la línea de meta, yo no. No tengo que saber, me toca serle fiel a Jesús hasta que llegue a ella.  Juan tuvo muchas altibajos en su vida como discípulo de Cristo. Sufrió tiempos difíciles: los insultos, el rechazo, las amenazas, la violencia, la prisión y el exiliado en la isla de Patmos. Jacobo, su hermano mayor, murió como mártir por seguir a Jesús. Juan soportaba todo y seguía fiel mientras otras murieron o abandonaron la fe.  Según la tradición, Juan llegó a ser un anciano muy respetado y querido por las iglesias primitivas y sus palabras pesaban mucho para ellas. Él luchaba para mantener la iglesia fiel a las enseñanzas de Jesús. Murió en una edad avanzada en la ciudad de Éfeso. Cada circunstancia en la vida, cada prueba, cada tentación (incluyendo la provocación de sumergirse en un vida cómoda y comprometida con la cultura que nos rodea), es una oportunidad de hacer una de dos cosas:  declarase firme en los pasos de Jesüs o rendirse y tirar la toalla. Quiero ser como Juan- firme, un guerrero, una persona comprometida con Dios hasta que Él decide llamarme a su presencia.  



Gracias Juan.  Estoy agradecido contigo eternamente por lo que me has enseñado. Sé que fue Dios quien te mantuvo durante tu vida, pero de todos modos, tu te prestaste, tu te hiciste disponible para que Dios te mantenía y te utilizaba.  

      

Saturday, 31 March 2018

¿Un Día Desechable?

    Tengo la costumbre de menospreciar el día sábado de la semana santa. Después de la pesadumbre intensa del día viernes, cuando contemplamos la cruz de Cristo, y antes del día triunfante cuando celebramos la tumba vacía, cae un día desechable, un día en que no hay nada registrada en las escrituras  para guiarnos en nuestra conmemoración de los hechos en la semana mas importante para el mundo cristiano. Por lo tanto, la vida vuelve a lo normal, los almacenes y gimnasios se abren, la gente sale de sus casas para retomar sus vidas, preparando quizás para la jubilación de mañana.  Me pregunto: ¿hay algo en ese día que me puede ayudar en mi vida espiritual?
    El silencio de las escrituras habla fuerte. No fueron momentos muy agradables y loables para la gente que dejaron registrados los hechos por escrito. Habían fallado a Jesus, fueron llenos quizás de culpa, y de vergüenza, de temor y incertidumbre. Quiero entrar un poquito en la vida de los discípulos de Jesús y imaginarme entre ellos, experimentando la realidad que ellos tuvieron que enfrentar.  Su maestro, su líder, su jefe fue arrestado y crucificado de una manera humillante y violenta. Habían dedicado tres años de sus vidas, invertido sus esperanzas en las enseñanzas de Jesús, su héroe. Las mujeres que le seguían encontraron en Jesús su campeón, el hombre que les valoraba y les trataba con respeto y con un amor generoso y desinteresado. Ahora, los poderes del día le habían eliminado.  ¡Qué confusión! ¡Qué decepción!
   Sabemos que el sufrimiento de Jesús y su muerte no les unió en el momento.  Jesús habló de las consecuencias de su muerte cuando el predijo que al golpear el pastor, las ovejas se dispersarán. Fueron pocos que se quedaron para presenciar los últimos momentos de la agonía de la cruz. Fueron pocos que estaban dispuestos a identificarse con Jesús: las mujeres valientes que le amaban, Juan, José de Arimatea y Nicodemo entre ellos.  No sabemos de otros y si estuvieron, mantuvieron un perfil muy bajo. Pero todos ellos tuvieron algo en común, y ese algo- Jesús, les unió después, en el día sábado. Sabemos que los once se unieron, y estuvieron juntos porque el siguiente día, cuando las mujeres encontraron la tumba vacía, les fueron a avisar al lugar donde estuvieron.
    ¿Podemos imaginar como era el día sábado para ellos? Creo que sí porque nos podemos imaginar en su lugar. ¿Has perdido esperanza una vez en tu vida? ¿Has experimento un dolor espantoso al perder un ser querido? ¿Has pasado por momentos de temor cuando tu vida estaba en juego, y el futuro parecía muy oscuro y pesimista? Y, encima de todo, cargaban con una culpa oprimida y una vergüenza sofocante.  Abandonaron a su amigo, a su Señor, a su Maestro en su tiempo de adversidad. ¿Has sobrellevado la humillación de haber defraudado a alguien que contaba contigo?  Quebrantados por el miedo, la incertidumbre y la vergüenza, se unieron.  ¿ Se hablaron mucho? ¿Hubieron recriminaciones? ¿Hicieron planes para salvarse de las autoridades que quisieron acabar con el movimiento que había iniciado Jesús? No sabemos.  Me imagino que reinaron entre ellos el susto, la confusión y el desconsuelo.
    No he tenido muchos momentos así en mi vida, unos pocos quizás- la muerte de mis padres, de un hijo por nacer, de la muerte de mi amigos Colon y Rolando en Ecuador. He tenido momentos de dudas, de miedo, de derrota y de desesperación. He sentido vergüenza al decepcionar a otros. Pienso en estos momentos en el día sábado de la semana santa. Quiero apreciarlo. Quiero aprender de los discípulos, unidos en su dolor y miedo. Quiero aprender de las mujeres, siempre practicas, reuniendo las especies y perfumes para dar final al proceso de enterrar a un ser querido recién muerto. Hay momentos en nuestras vidas cuando podemos descansar: no en lo agradable, o en los placeres de la vida, sino en la incertidumbre, en el dolor, y en el temor, sabiendo que servimos a un Dios triunfante, soberano y con un plan para levantarnos y darnos esperanza.  No pierdas la esperanza...¡viene la mañana!
   

Wednesday, 28 March 2018

Cada día una ofrenda


                                   Al Enfrentar el Día

        La experiencia enseña.  Yo he aprendido y sigo aprendiendo la importancia de dedicar tiempo cada día a la oración.  Uno puede pensar que él or ella reúne todos los requisitos y capacidades necesarias para tener éxito y lograr todas sus metas y, en un sentido, puede ser que tiene algo de razón.  Dios nos capacita para la obra que nos tiene reservada, (Efesios 2:10), aunque a veces nos permite entrar en situaciones donde nos sentimos perdidos o muy pequeños comparado con el desafío que tenemos por delante. El error mío ha sido confiar en mi mismo y en mis capacidades y experiencia en vez de demostrar mi dependencia en Dios por la oración. ¡Qué error! 
      Para no caerme es ese error, tengo el hábito de reunirme con Dios cada mañana y revisar el día por delante. Entiendo que cosas imprevistas se surgen que hacen descarrilar los planes de uno pero tengo la seguridad que aun estas cosas están forradas con las oraciones matutinas. Al no orar, ¿que mensaje estoy transmitiendo a Dios? ¿No sería algo como: "No te necesito Padre, lo tengo todo controlado"? 


     Cada día las palabras cambian, pero el sentido no. Mi oración es así: "Señor, perdóname por la tendencia fuerte en mi, de dejarte a un lado y hacer las cosas en mi propia manera y con mi propia inteligencia y fuerza propia.  Quiero hacer las cosas diferente. Quiero aprender a consultar contigo cada día y depender de ti en cada momento. Lléname  con tu Espíritu. Hoy presento delante de ti mi día, con todos sus desafíos y oportunidades, y pido que me utilices. Pido mi Dios que la vida de Jesús se vea en mi, en todas mis conversaciones y mis actividades. Guíame hoy. Que mi vida sea una ofrenda para ti."